La siesta, un secreto para mejorar el rendimiento cognitivo

El descanso diurno puede ser mucho más que un hábito agradable. Según el médico especialista en endocrinología Antelm Pujol, una siesta de 45 minutos puede tener un impacto directo en el rendimiento cognitivo.

La siesta, una herramienta para combatir la fatiga cerebral

La siesta, una herramienta para combatir la fatiga cerebral

Uno de los efectos más relevantes de este tipo de descanso es la reducción de la fatiga cerebral. Durante la siesta, el cerebro produce una disminución de la actividad theta, un marcador asociado a la saturación neuronal. Esto significa que el cerebro deja de estar sobrecargado tras horas de actividad continua, lo que conduce a un proceso de reinicio y mayor eficiencia.

Además, la siesta también tiene un impacto directo en la capacidad de aprendizaje. Según los datos compartidos por Pujol, este descanso favorece la plasticidad sináptica (la capacidad del cerebro para crear y reforzar conexiones neuronales) durante al menos dos horas después de despertar. Los datos son especialmente llamativos: alrededor del 80% de las personas mejoran su plasticidad cerebral tras una siesta, frente al 55% de quienes no duermen. Esto supone una diferencia aproximada del 25% en la capacidad de aprendizaje, un margen significativo para adquirir nuevos conocimientos o habilidades.