Uriarte, en la cuerda floja: el athletic, entre la transición y la crisis
El Athletic Club arranca su segundo mandato de Jon Uriarte con una sensación palpable de urgencia. La ausencia de batalla en las urnas, un proceso electoral predecible que formalizó su reelección, no disipa las sombras que se ciernen sobre el club.

Un proyecto en pedazos, una temporada en riesgo
Uriarte, en su primer mensaje, se mostró pragmático: ‘Todavía nos quedan muchas cosas por hacer y mejorar’. Una frase que, visto desde la realidad, suena más como una admisión de que el proyecto, iniciado con Valverde y ahora bajo la dirección de Terzic, se encuentra en una fase de transición crítica y, francamente, precario. La plantilla, lejos de ser un bloque cohesionado, exhibe una fragilidad preocupante, evidenciada por una serie de derrotas que rompen con la tradición del club.
El balance de la temporada pasada es, cuanto menos, alarmante. El Athletic ha acumulado más derrotas que victorias, sumergiéndose en una irregularidad persistente que dificulta cualquier proyección de futuro. La situación en el banquillo es un reflejo de este panorama: la llegada de Terzic, a pesar de las expectativas generadas, se enfrenta a un desafío monumental.
En el terreno femenino, la situación es igualmente desoladora. A más de 20 puntos de la zona europea y con una eliminación prematura en la Copa del Rey, tras vencer al modesto CE Europa en la fase de ascenso, el equipo de Irati necesita un cambio radical. La eliminación ante el Atlético, un rival de menor calibre en la ronda anterior, solo acrecienta la sensación de un proyecto femenino que no encuentra su camino.
El 'plan Athletic', diseñado para fortalecer el filial en Primera Federación, también se tambalea. El Bilbao Athletic, ubicado en la decimotercera posición, se distancia de los puestos de salvamento, quedando por detrás de equipos como Barakaldo y Arenas. La gestión de la plantilla, y aquí reside el verdadero desafío, recaerá en manos del nuevo técnico. La renovación del cuerpo técnico podría implicar salidas, una reestructuración que, lejos de ser un simple ajuste, podría ser un terremoto en la disciplina rojiblanca.
Terzic, un hombre que llega con la presión de un club histórico y la responsabilidad de encauzar una transición, deberá tomar decisiones difíciles. La dirección deportiva, lejos de ser la única responsable, deberá colaborar activamente en la definición de la estrategia, gestionando los recursos disponibles y, sobre todo, asumiendo las consecuencias de sus elecciones. La puerta no se abrirá sola; se necesitará un esfuerzo coordinado, una visión clara y, sobre todo, resultados. Y, a juzgar por la situación actual, el tiempo apremia. El Athletic necesita un impulso inmediato, un cambio de rumbo que evite que la historia siga escribiéndose con derrotas y frustraciones. La paciencia, en este caso, no es una opción.