Ronaldo desata el infierno: hace 20 años fulmina al atlético en 14 segundos

El clásico madrileño revive un recuerdo imborrable. El 22 de noviembre de 2003, el Real Madrid, con un Ronaldo Nazario en la cima, desató una vorágine en el Santiago Bernabéu. Un gol, un auténtico destello, que aún hoy resuena como un símbolo de la era galáctica.

Un récord que el tiempo no borra

Un récord que el tiempo no borra

El partido, correspondiente a la temporada 2003-04, enfrentaba a un Real Madrid en plena forma, con figuras como Zidane, Beckham y Raúl, contra un Atlético de Madrid que buscaba consolidarse tras su regreso a la máxima categoría. El encuentro no tardó en quedar en leyenda. Apenas 14 segundos después del pitido inicial, Ronaldo, tras un regate magistral a 'Cholo' Simeone, batió a Germán Burgos con un toque de esmero.

La velocidad y la frialdad del gol, un autopase que dejó al argentino descolocado, quedaron grabadas a fuego en la memoria de los aficionados. No fue solo un gol más para el astro brasileño, sino una demostración de su capacidad para impactar desde el primer instante.

El Real Madrid dominó el encuentro, con Raúl ampliando la ventaja en la segunda mitad. El Atlético, desorientado, no supo reaccionar ante la superioridad del equipo blanco. La combinación de galácticos fue demasiado para un conjunto que buscaba estabilidad.

Ronaldo, llegado al Real Madrid en 2002 tras su Mundial, ya había dejado su huella con goles espectaculares. Pero aquel gol en el clásico, un récord de velocidad, se convirtió en un símbolo de su grandeza. Han pasado más de dos décadas desde aquel 22 de noviembre, y a pesar de los numerosos derbis disputados, ninguno ha igualado aquella hazaña.

La cifra habla por sí sola: 14 segundos. Un instante de magia que encapsula una época dorada del fútbol español, y que continúa siendo recordado como uno de los momentos más impactantes en la historia del clásico.

El Real Madrid se enfrenta al Atlético de Madrid una vez más. La rivalidad persiste, pero el recuerdo de aquel gol de Ronaldo sigue siendo un recordatorio de la capacidad del fútbol para generar momentos de pura genialidad.