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Granada: el descenso imparable y el fantasma del empate

El Granada, que hace apenas unas semanas parecía respirar aire fresco tras una fuga de rendimiento, se ha hundido de nuevo en el pozo de la mediocridad. La realidad, cruel y despiadada, ha destrozado cualquier ilusión de pelea por los playoff, recordándonos una sombra del inicio de temporada que nadie esperaba.

Un despertar demasiado tarde

Un despertar demasiado tarde

La victoria ante el Huesca, un espejismo en el horizonte, se desvaneció tan rápido como apareció. Los nazaríes han acumulado una espantosa racha de cinco derrotas en cinco encuentros, con un balance de tan solo un gol a favor y 13 en contra. Un dato que habla por sí solo: cinco goles a favor y trece en contra, una espantosa cifra que refleja el estado de ánimo del equipo.

El arranque de la competición, con cuatro derrotas consecutivas y un empate que parecía presagio de un curso desastroso, se ha repetido, como si el tiempo retrocediera. Pacheta, quien con esfuerzo había construido un equipo con carácter y solidez, se enfrenta ahora a la desintegración de su proyecto, observando cómo su equipo se desconecta antes de tiempo, creyendo que el trabajo ya está hecho.

La mala suerte, o la falta de reacción ante la creciente crisis, ha permitido que los equipos en zona de descenso no muestren signos de recuperación. A pesar de sumar solo tres puntos en quince jornadas, la distancia de seguridad del Granada se mantiene cómoda, relegando la permanencia a una posibilidad, aunque no matemática, afortunadamente. El Granada, con una diferencia de +6 goles, podría evitar el descenso, aunque la llegada de puntos extra sería crucial para que la salvación sea definitiva. La esperanza, por ahora, reside en la capacidad del equipo para reaccionar y revertir esta espantosa dinámica.