Getafe se golpea en valencia: ¿el fin de la dulce racha?

El Getafe, herido en el Ciutat de Valencia, encajó una dolorosa derrota ante el Levante que pone en tela de juicio la solidez de su candidatura a los puestos europeos. Un partido que, más allá del resultado, revela fisuras en un equipo que parecía imbatible hace apenas una semana. La victoria granota, trabajada y merecida, deja un regusto amargo en la afición azulona y obliga a Bordalás a replantearse la estrategia.

La intensidad, la clave olvidada

La intensidad, la clave olvidada

“Los elogios debilitan”, sentenció un visible Bordalás al término del encuentro. La frase, más que un reproche, es un diagnóstico. El Getafe, embriagado por las alabanzas recibidas tras una fantástica primera vuelta, pareció desconectar ante un Levante desesperado por sumar puntos vitales para la permanencia. La intensidad, ese motor que siempre ha caracterizado al conjunto madrileño, brilló por su ausencia. “Desde el principio de la semana sabíamos que veníamos a una guerra, se iban a dejar la vida y no hemos sabido contrarrestar eso”, lamentaba David Soria, quien, a pesar de detener dos penaltis, se mostraba frustrado por la incapacidad de su equipo para igualar el ímpetu rival.

Soria, el guardameta, no anduvo con rodeos: “No hemos estado a nuestro nivel, hemos sido superados en todas las facetas, en competir, que es en lo que somos buenos”. La cifra habla por sí sola: cero tiros a puerta. Un dato alarmante que refleja la falta de ambición y la desconexión entre líneas. La Real Sociedad, la siguiente parada, se presenta como una final más. Un partido que exigirá un retorno a los orígenes, a esa garra y ese compromiso que han caracterizado al Getafe en su mejor versión.

Pero hay un detalle que escapa a la mera autocrítica: la relajación defensiva. El Levante, con un planteamiento sólido y una presión asfixiante, desarraigó la salida de balón del Getafe, dificultando la creación de juego. La solidez defensiva, antes un baluarte, se vio comprometida, permitiendo al rival dominar el centro del campo. El equipo azulón, acostumbrado a imponer su ley, se encontró contra las cuerdas. Ahora, la pregunta es si Bordalás conseguirá inyectar de nuevo esa dosis de agresividad y competitividad que tanto echan en falta.

David Soria, a pesar de su actuación destacada deteniendo dos penaltis, admitió la dificultad de estudiar a los lanzadores: “Por mucho que estudies, cuenta la situación y el lanzador”. La suerte, en este caso, no estuvo de su lado.

El Getafe, con 41 puntos, mantiene su octavo puesto, pero la derrota deja la puerta abierta a la competencia. La temporada, de repente, se ha complicado. Queda una final contra la Real Sociedad, y el equipo debe demostrar que la debacle en Valencia ha sido un espejismo, y no el preludio del fin de un sueño.