El stab hochsprung alemán: ¿crisis o simple decadencia?
Dortmund no ha sido amable con el orgullo alemán en el salto con pértiga. Lejos de los récords y las celebraciones, una actuación grisácea ha puesto de manifiesto una realidad incómoda: el declive de una disciplina que alguna vez brilló con luz propia. Bo Kanda Lita Baehre, campeón defensor, se alzó con el título, sí, pero a una altura que, para la élite mundial, apenas califica como un calentamiento.
¿Qué ha pasado con los gigantes alemanes?
Recordemos a Holzdeppe, Otto, Lobinger… nombres que resonaban en cada competición internacional. Hoy, la sombra de Duplantis se cierne sobre un panorama donde los saltos por encima de los seis metros parecen una quimera. La diferencia con la vanguardia global es abismal. Y no se trata solo de talento; la mentalidad, la preparación, la estrategia… todo parece haber perdido fuelle.
La actuación de Baehre, con una magra altura de 5,60 metros, no es un caso aislado. Torben Blech, otro de los referentes, tampoco logró brillar. La cifra habla por sí sola: un nivel de competición que, a años luz de los récords que marcaban las pantallas hace apenas una década.
El problema no es la falta de talento, sino la incapacidad de traducir ese talento en resultados consistentes. La presión, quizás, o una mentalidad demasiado conservadora. Lo que sea, el espejo que refleja la competición nacional es despiadado: una disciplina a la deriva, incapaz de seguir el ritmo vertiginoso de la vanguardia mundial.

El 'duplantis-efecto': ¿bendición o maldición?
Es innegable que la figura de Armand Duplantis ha impulsado el interés por el salto con pértiga a nivel global. Pero, paradójicamente, su dominio absoluto ha servido para evidenciar aún más la debilidad de la escuela alemana. Mientras Duplantis redefine los límites de lo posible, los saltadores alemanes parecen atrapados en una espiral descendente.
Baehre, consciente de la situación, ha admitido la necesidad de cambios.
