Clausuran estadio nacional de lima por fiesta de salsa y desorden
El Estadio Nacional de Lima, escenario de momentos históricos para la selección peruana, fue clausurado temporalmente este domingo por la Municipalidad de Lima tras un festival de salsa que terminó en caos y acumulación de residuos. La medida, respaldada por el IPD, impone una multa de más de 100.000 soles y abre una investigación administrativa.

Festival de salsa deja un reguero de problemas
El cierre se debe a reiterados incumplimientos de normativas municipales, incluyendo ruidos excesivos, aglomeraciones y acumulación de basura durante el evento 'Una noche de salsa 14', que contó con la participación de artistas internacionales como Grupo Niche y La Sonora Ponceña. Según testigos, la fiesta continuó hasta después de las 4:00 am, dejando el estadio cubierto de botellas y latas.
El IPD, administrador del estadio, rechazó la alteración del orden público y confirmó que la productora de eventos, Tropimusic Entertainment, no cumplió con las cláusulas del contrato, vulnerando la normativa de espectáculos públicos. La empresa alquiló el estadio para el evento del 27 y 28 de marzo.
La municipalidad capitalina ha otorgado a la entidad oficial 48 horas para presentar descargos. Además de la multa económica, se ha iniciado un procedimiento administrativo sancionador contra Tropimusic Entertainment.
Imágenes difundidas en redes sociales muestran el estado del estadio tras la clausura: cubículos VIP invadidos por desperdicios, un contraste grotesco con la solemnidad que normalmente evoca el recinto deportivo. La cifra habla por sí sola: la magnitud del desorden es alarmante.
El incidente pone de manifiesto una vez más la dificultad de conciliar eventos masivos con la normativa y el bienestar de los vecinos. La gestión de la Municipalidad de Lima se ha mostrado firme, pero el debate sobre la regulación de espectáculos públicos en la capital está abierto.
La clausura del Estadio Nacional no solo representa un revés para los organizadores del evento, sino también un recordatorio de la responsabilidad que conlleva albergar eventos de gran magnitud en espacios públicos.
