Asencio, un milagro en valdebebas: perdón, trabajo y la sombra del mundial
El central del Real Madrid, aparentemente condenado al ostracismo, ha protagonizado un giro inesperado que podría redefinir su futuro en la capital. Lo que parecía una silenciosa caída ha desembocado en un acto de redención, un doble perdón y, sobre todo, una segunda oportunidad.

De la 'desaparición' al gesto inesperado
El caso Asencio, que saltó a la luz en MARCA, ha dado un vuelco. Dejar de ser un elemento clave, con fisuras en la tibia que le obligaban a forzar la maquinaria hasta límites peligrosos, para convertirse en un ejemplo de compromiso y entrega. La situación era crítica: un jugador que, a pesar del dolor, se arrimaba al equipo en momentos de apuro, sacrificando su físico en defensa. Pero el punto de inflexión llegó en la ida contra el City, donde Arbeloa apostó por Huijsen y, con ello, se desencadenó una serie de eventos que lo condujeron a un punto de no retorno.
Tras la suplencia en el Bernabéu, Asencio acudió al despacho del técnico acompañado por un médico, certificando leves molestias musculares. La siguiente víctima: el partido contra el Elche, que se veía comprometido. Y el conflicto, palpable, ya estaba en la mesa. Pero lejos de enquistarse, el central reaccionó. Tras el parón, el equipo regresó a Valdebebas y Asencio dio un paso al frente: primero, con una disculpa pública al vestuario, un gesto que muchos consideraron inesperado. Luego, con un perdón personal hacia Rüdiger, un compañero que le había brindado apoyo y confianza desde su llegada al primer equipo. Un gesto que, al parecer, le costó un precio personal.
La situación deportiva tampoco acompañó. Ausencias en convocatorias y suplencias posteriores a su disculpa (Mallorca y Bayern), agravadas por un virus que le dejó KO durante una semana y le provocó la pérdida de seis kilos. Se perdió dos partidos más –vuelta contra el Bayern y Alavés– antes de regresar a la dinámica del grupo con un rendimiento parcial. Pero, lejos de sucumbir, pidió estar con el equipo en Sevilla, un gesto que Arbeloa accedió a conceder. Aunque no tuvo minutos, el reconocimiento fue inmenso dentro del vestuario y en el cuerpo técnico.
Y no terminó ahí. Tras el empate ante el Betis, con dos días libres para la plantilla, Asencio decidió continuar entrenando en Valdebebas, acelerando su recuperación y recuperando sensaciones. Una decisión que, sin duda, fue muy valorada por el equipo y el cuerpo técnico. A pesar del ruido reciente, su salida no está ni mucho menos definida. Quedan cinco partidos y un verano largo por delante, con el Mundial en el horizonte. Asencio está tranquilo, con la intención de quedarse y volver a competir por un puesto en un Madrid que, por su situación defensiva, aún puede necesitarle… salvo que llegue una revolución total.