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Colombia en crisis: el soat al borde del abismo

Una propuesta audaz, o quizás temeraria, ha sacudido a Colombia: eliminar la obligatoriedad del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) para las motos de hasta 250 c.c. Un gesto, dicen algunos, de alivio para las arcas de los hogares más humildes. Pero, ¿a qué precio?

El precio oculto de la ‘justicia social’

La iniciativa, impulsada por la presión inflacionaria y la apremiante necesidad de sostener a millones de motociclistas que dependen de este vehículo como herramienta de trabajo, parece una solución simple. Sin embargo, el debate ha desatado una tormenta de alertas en el sector asegurador, en la salud y, francamente, en la propia seguridad vial. La realidad, como suele ocurrir, es mucho más compleja.

Según datos oficiales, más del 60% de las motos en circulación circulan sin el SOAT, una evasión sistemática alimentada por el elevado costo del seguro. Se argumenta que la eliminación de esta barrera liberaría recursos para la adquisición de equipos de protección o el mantenimiento de las dos ruedas. Pero ¿es realmente esa la solución? ¿O estamos simplemente trasladando el problema a otro lugar, dejando a los conductores expuestos a la cruel realidad de las carreteras colombianas?

La eliminación del SOAT, argumentan los detractores, desmantela un sistema de financiación vital para la atención de víctimas de accidentes. El fondo que genera este seguro es la primera línea de ayuda para los heridos, una red de seguridad que, si se corta, dejaría a miles de personas a merced de una EPS con recursos limitados. El sistema ADRES, ya al borde del colapso, no puede absorber esta nueva carga financiera.

Más de 80% de los accidentes, motocicletas

Más de 80% de los accidentes, motocicletas

Las estadísticas son demoledoras: las motocicletas son responsables del 80% de los accidentes de tráfico con heridos graves o fallecidos. ¿Cómo se justifica, entonces, la propuesta de eliminar el seguro del vehículo más peligroso en nuestras carreteras? Es una contradicción flagrante en cualquier política de seguridad vial.

Fasecolda, la Federación de Aseguradores Colombianos, se ha mostrado firme en su rechazo, advirtiendo que esta medida no aborda las causas profundas de la imprudencia y la falta de educación vial. Se trata de una solución paliativa, un parche que no soluciona el problema de raíz. El Gobierno, dividido en sus aguas, analiza el impacto fiscal de la medida, mientras que el Congreso se debate entre la promesa de reducir costos para los motociclistas y la responsabilidad de proteger la salud pública.

Alternativas en el horizonte

Alternativas en el horizonte

Ante la polémica, se han propuesto alternativas: seguros por kilometraje, vinculados al comportamiento del conductor, o incluso un cobro integrado al combustible. Ideas interesantes, sin duda, pero que aún requieren un análisis exhaustivo. La verdad es que la situación exige una reflexión profunda y, sobre todo, una acción decidida. No podemos permitir que la búsqueda de soluciones rápidas comprometa la seguridad de miles de ciudadanos.

La cifra es clara: el SOAT no es un gasto, es una inversión en vidas. Y, en este caso, la inversión está en riesgo.